Hanoi y HaLong Bay

Dejo la maleta hecha, desayuno y pido un taxi que me lleve al aeropuerto. No me veo capaz de hacer la ruta de vuelta y llegar a tiempo en autobús. Tras un corto vuelo llego a Hanoi, la segunda ciudad más grande de Vietnam situada al norte, llego también en autobús al hostal; esta vez, con el GPS funcionando, gracias a Dios y a todos los dragoncitos de Taiwan. En recepción me informan sobre las distintas excursiones que se pueden hacer y contrato una de ellas.

Como hay un día en medio, intento explorar la ciudad, todo lo que el tráfico me lo permite y descubro un lago rodeado de actividades y mercados, con un templo chino el cual no visité. Camino hasta un parque y me siento a tomar un café. El café vietnamita es bastante famoso, no por el café en sí, sino por la forma de tomarlo. Lo más normal era café solo con hielo (azúcar añadido) o café con leche condensada con hielo. La leche condensada se empezó a usar porque no había leche fresca, por las guerras. De la misma manera que la leche condensada sustituía a la leche fresca, también existe el “café de huevo”. Al principio sabía mucho a huevo y no mucha gente se lo tomaba, pero se ha ido perfeccionando la receta y ganó popularidad en los años 80. A mi me pareció un espresso con crema espesa por encima. Muy rico, pero salvo por la textura no tenía nada distinto.

Después del día de exploración de Hanoi, me recogió un autobús para ir a Halong Bay, una zona costera considerada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El hostal me facilitó la cancelación de una noche para que pudiese hacer el tour de dos días y una noche. 

Tras 4 horas en el autobús llegamos a un puerto, donde cogimos un barquito pequeño y nos llevaron al barco donde nos quedaríamos a dormir. Dejamos las cosas en la habitación y nos sirvieron comida. Después nos dieron una hora de descanso y nos llevaron en el barquito pequeño a ver unas cuevas y luego a una playa. Las cuevas se sitúan dentro de las montañas que salen del mar. El guía nos explicó dos de las teorías de cómo se habían formado. Hay una leyenda que dice que un dragón aterrizó en esa zona de la costa y que por eso hay tantas montañas. Según la mitología o las creencias de Vietnam (y chinas), los dragones escupen energía por la boca, no fuego. A partir de esa energía, se formaron las estalactitas y estalagmitas de las cuevas. Desde el punto de vista geológico: placas tectónicas y como curiosidad, escuché de otros guías que algunos científicos piensan que hay fósiles de monos o de árboles.

Cuando volvimos nos dimos una ducha y tuvimos tiempo libre hasta la cena. Con el estómago lleno, nos subimos todos a la parte superior del barco, que tenía una terraza y estuvimos tres españoles, una americana, un turco, dos suizos y dos alemanes charlando de todo y de nada. La mayoría eran mochileros que estaban viajando por el sureste asiático. Cada uno había empezado hacía más o menos tiempo y desde un lado o desde otro. Algunos empezaban y otros terminaban. Fue un rato agradable conociendo a todo tipo de gente con una mentalidad parecida.

Sinceramente, el tour en sí es un poco caro, pero despertarse en medio de ese paraíso, no tiene precio. A toro pasado, me hubiera gustado investigar más sobre qué empresa contratar, ya que el guía explicó poco, para mi gusto y nos llevaron a sitios donde había muchísima gente. Después de desayunar, nos llevaron al Museo de la Perla. Me pareció curioso ver el cuidado con el que extraían las perlas y demás, pero no es algo que yo hubiese ido de haber podido elegir, más que nada porque al final nos dirigieron a la tienda de perlas “por si queríamos comprar algo a nuestros seres queridos”. A continuación, nos llevaron a hacer kayac una hora. Me tocó con un señor alemán, ya mayor así que dimos una vuelta tranquilamente y nos relajamos viendo el paisaje.

Ya de vuelta en el barco, recogimos nuestras cosas y esperamos en la terraza a la comida y al barquito pequeño para volver a Hanoi. 

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